Por Nicolás Abarca Oyarce
El corto mandato de Sebastián Piñera se ha caracterizado tristemente por ser el gobierno de la letra chica, como buen hombre de negocios pareciera manejar a la perfección la trampa contractual y agregar una pequeña cláusula a cada una de sus promesas con la cual en el futuro puede resguardarse y salir con las manos limpias si no cumple, o cumple de una forma muy distinta a la que se esperaba; un ejemplo claro de esto: el Sernac financiero.
Para qué andamos con cosas, cuando se nos prometió esa nueva institución lo primero que se nos vino a la mente es un órgano independiente de un tamaño y poder tal, que sea capaz de sopesar el avasallante poder del estamento financiero, algo a la medida de las circunstancias. Pero sorpresivamente esta semana a través del propio Presidente, y luego del ministro de hacienda Felipe Larraín, nos dan a conocer la noticia de que este “sernac financiero” en verdad será una división, una suerte de pequeño departamento dentro de la institucionalidad de protección al consumidor ya existente, que se encargará de las controversias que se den entre los particulares y las instituciones financieras varias.
Para colmo de esta profunda decepción, el nombrado ministro aparece en la prensa señalando que nunca se dijo cómo sería este Sernac financiero, que se anunció, que fue una promesa realizada por Sebastián Piñera cuando candidato, pero que jamás se dijo cómo se implementaría, y que hoy por tanto lo que estaba haciendo el Presidente no era nada más que cumplir lo que formalmente prometió…¿creerá él que somos una tracalada de imbéciles que nos iremos tranquilos a nuestras casas pensando “ah sí, tiene razón, Piñera nunca nos dijo cómo sería, así que en verdad él sólo está cumpliendo…qué bueno es nuestro Presidente”? Grave error de tecnócrata, creer que dos más dos son cuatro en política es no tener siquiera las nociones mínimas del arte de gobernar. No nos basta que el Presidente cumpla sus promesas, nos importa que las cumpla a la altura de las expectativas creadas en la ciudadanía, y desde ese punto de vista, se ha defraudado a quienes esperábamos al fin una institucionalidad potente y a la vez defensora de la ciudadanía que en el 99,9% sale para atrás cuando se involucra con préstamos, repactación de deudas, hipoteca de bienes a favor de los bancos, etc.
Así las cosas, las supuestas políticas fuertes del gobierno para frenar a los grupos de poder siguen siendo migajas que se adornan como un gran pastel, pero que al final son un biscocho roñoso al tres y al cuatro. Para combatir los abusos de los bancos y otras entidades afines, se necesitan órganos potentes tanto en su estructura como en sus facultades: numerosos funcionarios de fiscalización, programas de prevención e información masivos, instancias de resolución administrativa, tutela legal para los consumidores, etc. Algo que dudo podamos encontrar en este pequeñito departamento “especial” que tendrá el Sernac, en el que puede que hayan ciertos programas de información, puede que haya fiscalización, pero ¿lo suficiente como para hacer frente a cientos de entidades financieras, miles de operaciones fraudulentas, millones de reclamos a la larga? Parece que es verdad…si las cosas en Chile se pueden hacer mal, siempre llega alguien y encuentra la forma de hacerlas peor.
Recibe todas la actualizaciones en tu correo electrónico.

Participa activamente en nuestro medio - Opina sobre este artículo