Determinados acontecimientos van pasando como una silueta tenue y brumosa a la espera de una forma más definida.
Hace unas semanas una autoridad de gobierno dispuso de una imagen religiosa a la entrada de una oficina pública, días después, un instructivo de otra repartición pública envía un instructivo sobre lo que deben ser nuestras conductas sexuales a partir de un texto de una congregación religiosa. Otro hecho, que aislado pareció un mal chiste, instruía el vestir con “recato” a nuestras funcionarias públicas.
En un par de días, se inaugurará por “vía rápida” frente al monumento de O´Higgins, la estatua de Carrera. Siendo un estudioso de la Historia, nunca me importó destacar la pugna entre O´Higginistas y Carreristas, pero sí entendía la importancia cultural de destacar al Padre de la Patria, como un valor permanente de la ciudadanía.
Un hecho poco destacado de nuestra historiografía, es que O´Higgins, a la edad de 6 años hablaba perfectamente el Mapuchedungum y otorgó al pueblo mapuche la condición de “chilenos”. Cómo no señalarlo cuando hoy un grupo de ellos siente la discriminación del Estado de Chile, arriesgando sus vidas en una interminable huelga de hambre,…no por justificar sus actos, sino, simplemente porque esos mismos actos sean juzgados en igualdad de condiciones ante la ley.
Entonces, ¿Cómo interpretar que el único lugar de privilegio para el Padre de la Patria pase a estar compartido?
Conocida es la legítima simpatía de la familia del Presidente por la figura de Carrera, pero dudo que sus objetivos sean darnos un nuevo “Padrastro” de la patria para el bicentenario, aunque su excelencia tenga la convicción histórica de provenir de la línea aristocrática de don José Miguel. Pero si fuera simple casualidad, ¿debiéramos esperar el llenarnos de estatuas monumentales en la Plaza de la Ciudadanía? ¿Ídolos de piedra?
Hoy no tengo claridad para dónde vamos, pero tengo aprehensiones cuando se toman medidas en medio de la niebla. Soy hijo de un Estado Laico, estudié gratuitamente en el Instituto Nacional José Miguel Carrera, respetuoso de las tradiciones republicanas, de las diferentes convicciones religiosas, pero siempre entendí que el Estado de Chile pertenece a todos los chilenos sin excepción y estas medidas violentan mi conciencia.
Héctor R. Jara Paz
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