Una de las promesas electorales de Sebastián Piñera fue trabajar fuertemente en aumentar el nivel de la educación. En palabras del propio presidente: generar una “revolución educacional”. En esta línea, el ministro de esta cartera, Joaquín Lavín, ha entregado 7 medidas que pretenden ir en busca de ese objetivo. Analicemos estos 7 puntos:
(1). Aumento de las subvenciones: Los problemas estructurales – escasez de recursos de todo tipo – han sido siempre una piedra de tope para el progreso educacional, sobre todo en los establecimientos públicos. Esta medida es positiva. Pero el Ministro agrega que estudiará entregar subvenciones según resultados y esto es peligroso ya que genera competencia. La competencia en el mercado es esencial, en la educación genera desigualdad, y eso es lo que se busca combatir. Además, se corre el riesgo de que algunos sostenedores, en su afán por obtener más recursos, intervengan los resultados de su alumnado.
(2). Vía rápida a la movilidad social: Este es otro nombre para los “liceos de excelencia”, que comenzaran a funcionar a partir del próximo año. Nuevamente aparece el factor competencia. Según mi opinión, esta es un arma de doble filo. Por un lado, aquellos que logren ingresar a estos establecimientos recibirán una educación de calidad certificada y para el país es importante contar con profesionales de excelencia. Pero por otra parte, imagino la frustración e impotencia de un joven que no califica para ingresar a uno de estos liceos. Además, actualmente el nivel educacional promedio no da como para pensar “Si no ingreso a un liceo de excelencia, de todas formas puedo acceder a educación de calidad”. Creo que esta medida podría ser útil a largo plazo, cuando la situación general sea mucho más equitativa. Se debe emparejar el suelo antes de comenzar a edificar verticalmente.
(3). Selección docente: Se propone mejorar los filtros de admisión en la carrera docente y la aplicación obligatoria de la prueba Inicia. Evidentemente esto es muy necesario. Hoy en día, gran parte del profesorado no escogió la pedagogía por vocación, sino que porque era lo que su puntaje le permitió. En este sentido, es clave elevar las barreras de admisión de la carrera, pero ¿Será la PSU el mejor método de selección? El ministro no tocó este tema que resulta trascendental, más aún considerando que varios expertos señalan que este examen no es lo óptimo. Una verdadera “revolución” educacional debería incluir, según mi opinión, una prueba especial para las pedagogías, que busque identificar las habilidades que necesita un profesor.
(4). Mayor atribución a directores y sostenedores: Actualmente, los directores de establecimientos públicos no cuentan con la facultad de expulsar a gran parte de los malos elementos. Esta medida es positiva de manera relativa: Si el sostenedor es idóneo, la medida es positiva. Debería ponerse mucha atención en este sentido, sobre todo porque hoy un sostenedor puede administrar un colegio y un pub al mismo tiempo. ¿Queremos entregar más atribuciones a TODOS los sostenedores?
(5), (6) y (7). Cultura de pruebas, mapas del simce y deberes estudiantiles: El esfuerzo no tiene sentido si no existe control, en ese sentido es fundamental evaluar constantemente que estas medidas están siendo efectivas. Con los mapas del simce también se busca el control y además poder entregar la mayor información posible a los padres en cuanto al rendimiento de sus hijos. Y, finalmente, se buscará inculcar los valores de la disciplina y el rigor como parte de la base de un estudiante. Estas tres medidas no tienen “peros”, ya que son tremendamente necesarias.
En conclusión, es positivo empezar a hacerse cargo del problema de la educación, por lo que algunas de estas medidas son un buen augurio (aunque tal vez el apodo de “revolución” quedó un poco grande). Eso sí, preocupa mucho la presencia de valores mercantiles como la competencia, ya que generar más desigualdad en esta materia sería fatal. Otro punto que resulta alarmante: El lema del oficialismo acerca de la educación es “la batalla en educación se gana en la sala de clases” y esto no es así. La educación en las aulas es igual de importante que la existencia de un hogar bien constituido, y esto no fue siquiera esbozado por Joaquín Lavín. En concreto: ¿Qué logramos inculcando valores, mejorando la infraestructura y al profesorado si el joven regresa a su casa a drogarse con sus amigos para así evadir la violencia intrafamiliar con la que debe lidiar diariamente? Nada. La educación es un proceso holístico y debe tratarse como tal, reducirlo a las “salas de clases” sería totalmente miope.
Alvaro Muñóz Ferrer.
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