Por Jaime Sierra Bosch
El 5 de Octubre apareció en un diario de la red, que el Senador Lagos W. emitió declaraciones expresando su disconformidad con respecto a lo que dijo el Presidente Piñera de que conversaría con el Banco Central sobre la necesidad de obtener un tipo de cambio de dólar que resulte competitivo para el sector exportador. De acuerdo a Lagos W., lo dicho por P.P. sería “inapropiado”, y habría que “cautelar cómo se hacen las cosas”. ¿No habrá querido decir “cómo se dicen las cosas”?.
Aparentemente, la preocupación que ha surgido en algunos sectores de la ex-Concertación, incluido el también Senador Andrés Zaldívar, a lo que también adhirió elípticamente la Senadora Evelyn Matthei, es sobre la forma en que P.P. dice las cosas y lo que avisa que hará, y no sobre el fondo. No, esto es algo incierto de mi parte, pues presentan en sus alegatos un fondo, al mencionar que se transgrediría la autonomía del B.C., siendo esta posibilidad su mayor o único peso.
De acuerdo a lo escrito, Lagos W. hizo saber que no le pareció apropiado la forma como el presidente dijo, (o insinuó), que “intervendría” en una entidad definida y calificada como autónoma, al decir “vamos a conversar esta semana con el Banco Central”, para expresarle al organismo la visión de que (los chilenos, o algunos de nosotros, el mismo incluido), “necesitamos un tipo de cambio que dé estabilidad y que sea competitivo para nuestro sector exportador”. ¿Importa si P.P. lo hace?. Los que toman decisiones en el gran banco no son gente influenciable, ni siquiera por el mismísimo Presidente de la República. No, se trata de personas profesionalizadas puestas ahí por distintos sectores de las esferas de poder, y permitidas por otros sectores, precisamente por su capacidad profesional, madurez e independencia, con alta preponderancia de independencia de juicio, y la mayoría de ellos tiene su visión y su posición política preestablecida de cómo deben ser estas cosas. Si quieren, se informan por la prensa, por lobby, por corrillos, en recepciones, o de cualquier forma, de la posición que tiene el gobierno sobre cualquier tema, y si quieren toman sus banderas. Es difícil que la visita de un presidente o una reunión con estos personajes en horas de oficina implique una intervención en las decisiones del emisor más que cualquiera otra forma. Si la presidencia quiere, puede hacer una campaña para influirlos, y aún así resultaría poco significativo su efecto. ¿Lobby?; Lobby hacen y han hecho casi todos, algunos en secreto, que es peor. Todos los presidentes han hecho lobby, como se dice, sólo que P.P. es más gritón, o sincero, como lo expresarían algunos. Le gusta “aparecer en la tele”, como dicen otros que conozco de distinto sector social.
Por lo demás: ¿No es el presidente quien nos representa a todos?. Aquí el tema pudiere derivarse hacia a quiénes estaría representando Su Excelencia en esta oportunidad, y no sería a todos los chilenos, al menos no por igual. En estricto rigor, los beneficios radiarían, no “chorrearían”, en proporciones decrecientes como norma, desde los empresarios, quienes obtendrían el máximo beneficio, hasta los ciudadanos de a pié, en cantidades muy disminuidas, llegando a cero en muchos casos. Y este debería ser uno de los focos de la crítica. ¿Porqué no lo es?
Otro elemento sobre el cual se debe apuntar a cambiar es la forma en que se desarrolla una conversación entre los distintos poderes del estado, y no que eso ocurra. Dependiendo de la óptica, la estanqueidad permanente entre los poderes puede ser nefasta. Cualquiera que sepa de sistemas o de trabajo en equipo, cualquiera con una sólida preparación técnico-científica, puede suponer y esperar que la falta de flujos permanentes de comunicación e información entre los distintos compartimentos de un cuerpo, tarde o temprano ocasionará problemas. El tema debe ser cómo regular estas relaciones. Decir que se debe “respetar la institucionalidad” es decir cualquier cosa. Los mismos políticos saben y conocen las fallas numerosas que existen en la llamada institucionalidad, pero hablarán de ella cuando les resulte conveniente, y procurarán actuar sobre ella también según sea necesario a cada cual.
Cuando Zaldívar alude a que estas declaraciones de P.P. pueden malinterpretarse, y que este nuevo actuar suyo asemeja a aquel por el cual se suspendió, aparentemente en forma definitiva, la construcción de la central Barrancones, ¿y qué?. ¿No se reclamaba que los organismos encargados de autorizar el proyecto no habían fallado, y se las criticaba públicamente?. ¿No logró Piñera lo que todos deseábamos, no nos representó?. Seamos objetivos. Lo hizo, y nadie lo ha acusado constitucionalmente por eso. Lo que ocurre es que la actual oposición “debe” oponerse. Así lo declararon a poco de tomar este el poder Pizarro y Letelier. Pero así se estrellarán muchas veces los opositores contra las sensaciones del común de las personas, tratando de convencerlos de que algo evidente es distinto a lo que creen. La senadora Matthei resultó algo más ambigua en sus críticas a los dichos del presidente.
Resumiendo, los distintos poderes no sólo pueden, sino que deben, traspasar sus datos e información, (técnica e ideológica), en forma abierta y transparente, permanente y continuamente, con acceso inmediato para la población, y considerando a esta. Las autonomías funcionarán en las distintas instancias al momento en que tengan que tomar sus decisiones. Un sistema así me parecería algo más democrático que el actual de puertas cerradas.
Para ser preciso, las críticas de los opositores llegan a ser molestas, zumbadoras. La gente, el pueblo, o como sea que se diga, no va a estar proclive a entender dichos fastidiosos como estos. Importa el resultado, no hay que dudarlo. Si funciona, bien, se dirá. No hay que oponerse a cada paso, a cada cosa. Es un error. Si no se hace una oposición inteligente, la Concertación, la actual oposición, perderá adeptos, o los incorporará a una velocidad cuasi estática. Da la impresión de que estos ex-personeros gritan por la herida, esa es la sensación. Por aprovechar cada ocasión, luego se perderá oportunidades de acertar. Se revitalizará el cuanto de Pedrito y el lobo, y se ignorará las advertencias útiles, cuando estas sean necesarias. El principal error de la ex-Concertación fue dejar de escuchar y de convivir con la nación, al encerrarse es su propio Versalles. Pero, aparentemente, aun no quieren entender, siguen traicionando principios y representados. Todo esto es lamentable, pues el país necesita claridad, pertinencia y oportunidad en la oposición. Una oposición planteada así está desfuturada. Y si llegara a ganar los próximos escrutinios, cosa que sería ilógica, haría pensar muy mal del electorado que lo votara. Ya no se trataría de agarrar un leño para flotar, sería como agarrar un cocodrilo.
El último nivel de los planteamientos, que es el meollo de toda esta discusión, pero que se ignora en la misma, es la real conveniencia y viabilidad de alzar domésticamente el dólar para redituar a los empresarios exportadores y a la cadena expansiva de beneficiarios, como se mencionó antes. En lo personal, creo que el estado debe minimizar, hasta casi anular, su intervención en el valor de esa moneda. Son muchos lo que opinan que su valor debe tener las magnitudes que sean “naturales” de tener, encontrando su justa proporción competitiva a escala global. Las políticas proteccionistas de intervención en los valores de las relaciones cambiarias sólo corresponde a un intento de estancar los inexorables cambios en los balances internacionales que no sólo son necesarios, sino que también inevitables. Se falsea la realidad y se incorpora consecuencias, impredecibles algunas, a futuro. No hay que olvidar que el descenso del valor del dólar se debe principalmente a factores prácticamente inmanejables sin acudir a artilugios antinaturales. Uno es la propia economía de Estados Unidos, que tiene su ritmo, independientemente de todo lo que puedan hacer otros gobiernos; a la incorporación siempre creciente de esta moneda en las economías de otros estados, como el nuestro; y al crecimiento de otras economías. Los estadios de las naciones del globo cambian de acuerdo a dinámicas propias de la economía globalizada. No debe haber temor a que algunas divisan caigan y que otras monedas crezcan en importancia. No faltan los economista que proponen exportar en euros.
JSB.
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