Wikileaks
Los negocios de Tatan y Mayne Nichols
La linea Omo del Negro
Las vueltas de chaqueta
La dieta fracasada de mi gordi Bachi
Los 84 años de Jodorowsky, los 83 de Lafourcade, los 81 de Jorge Edwards, los 60 de Zurita, los 120 de Armando Uribe.
Valenzuela el agente de USA, la mejor novela no ficción del año.
Bielsa y Chupete
Y el resto fue mierda pura entre atrapoados, huelgas mapuches, tsunami y terremoto; la pésima gestion de empresarios tirados a funcionarios públicos y el país camina gracias a los de la concerta-e incluso los que sobran de Pinocho-, de lo contrario estamos tan mal que sobran dineros en regiones porque no fueron invertidas.
En tiempos de Frei Ruiz Tagle a un ministro le costó el cargo esta barbaridad.
Aceleren los trámites de los exonerados.
Que Azua tenga un buen año y logre con la compañía de seguros subirme unas lucas mensuales.
Una noche de 31 de diciembre –alla por 1964,creo-viajaba de Mendoza a Buenos Aires en un bus Chevalier y nos detuvimos en una picada. Comi un bife chorizo, me contrabandié un botellón de tinto. En plena tuta , le di el bajo y abrí la ventana-en esa época se podía-, y tiré la botella.
Un hijo de japonés me dijo: ¿Qué sacaste con eso? ¿Te diste un gusto?
Me sentí muy avergonzado.
Por lo tanto les deseo un muy feliz año a todos mis seguidores de Chile y el extranjero. También a Parvex, de Paris, que me encontré en el metro el 30 con su esposa-como otros compró un pied a terre en Nuñoa-, asimismo a Guillermo Haschke, a Oscar Castro y Sylie, Vituperio Jorge Radic-no el presunto de la vieja fea de Argandoña enemiga de la Carolina de habla huevás, perdón de Moras, y felicitaciones por su recuperación a Recarte Soto.
Saludos a Luis Mizon y Atahualpa Lichy en Francia, con su linda esposa.
Mira yo me reía de Lichy por su esposa lola y Parvex y Carlos Necochea que puso una empresa de comunicaciones con Ximena Casarejos me dicen linda tu nieta cuando me sorprende con Isidora en el Tavelli.
Viva Juan Marambio en Choapa
Laura Astudillo al poder comunicacional
Luchin Hernández idem
Viva Jorge Abu Kalil
Que viva granvalparaiso.cl con El Ventilador bien visible
Lo mismo el Moulin Rouge
Felicidades Jorge Abasolo y Nene; que el momiaje te de pega.
Suerte Vladimiro Mimiça en el segundo tiempo de gestion puntaarenense
Vivan las cuecas de Gloria Vilicic Peña
All the best Lili Kusanovic
Fernando Haro; suerte con la boutique
A veces a esta edad como que dan ganas de tirar la esponja como papa abuelo y dejar todo en manos de la madre, la abuela materna que es más joven que yo o sus medios hermanos y hermanas mayores. ¿Y uno? A tirárselas de una vez por todas. 45 año de pelea y amistad con las espirituosas y 30 con los zepanes matan la paciencia.
Llego en caja mala a edad madura como sentenció Jodorowsky.
Una noche en La Reina faltando cinco minutos para el año nuevo me zampé un rohypnol. Justo en ese me llama la Verónica Umaña y delante de Odette (estaba a mi lado) me pregunta si la quería. Respondo murmurando : No se y me quedo dormido puesto que estas fechas me deprimen. Cuéntame una nueva me dije Joyce.
Viva Mariana Hales
Miguel Sepúlveda al poder
Basta ya Jackie van, me estay chorieando
Altamirano no se si creerle
Viva Clodomiro Almeyda en las alturas
Viva el Pastor Jorquera
Y aquí van anécdotas. Algunas viejas como la ñauca.
Lo que los ojos no ven es el título de una película de Rodrigo García Barcha, hijo del autor de “Cien años de soledad”. Estuve con él hace 20 años en Cannes; un hombre gordo, que traspiraba whisky por el calor ambiente, los nervios y que debutaba en el cine con una cinta buenísima copada de estrellas.
Trata justamente sobre la mirada y de lo que no siempre se ve pero se puede adivinar.
En lo personal, la primera vivencia ocurrió a bordo de un trayecto aéreo de Londres a Santiago; entonces los Boeing 707 hacían escala en Dakar (República del Senegal), Recife, Río de Janeiro y Buenos Aires antes de aterrizar en Pudahuel.
El avión bailaba cueca, zamba y tango en medio de la oscuridad de la noche sobre el Atlántico y yo aun ingería un hipnótico para borrarme del pánico que le tenía a volar o whisky, lo cual es poco recomendable según el propio García Márquez otro cobarde aéreo, pues despiertas en la mitad del trayecto y la resaca profundiza el terror.
A mi lado, un sacerdote trataba de ver la película de a bordo. Yo, sin los atenuantes psicotrópicos o etílicos en el cuerpo, estaba desesperado; me aferraba a las mangas de la poltrona como si aquello pudiese evitar la caída del aparato.
En un momento fue tal mi angustia que le supliqué al sacerdote que me confesara. Con benevolencia aceptó mi solicitud muy conciente de que este vuelco religioso era atribuible más al miedo a morir que a la fe.
Una hora antes de aterrizar en el norte del Brasil, el sacerdote desapareció. Cuando se abrieron las puertas del Boeing, el religioso convertido en arzobispo de Olinca y Recife, descendió majestuosamente por la escalerilla-en aquel entonces no existían las mangas-, no sin que antes dom Helder Camara inclinara su cabeza a guisa de despedida.
¡Vaya con quien me confesé!
Años después en la a alturas de Machu Pichu, el Papa Juan Pablo II en su visita al Perú, iba a bendecir a centenares de miles de incas. Sentado bajo un toldo, era custodiado por un guardia como sacado de antigua película James Bond: impermeable azul, anteojos oscuros y brazos cruzados. Una pinta que jamás olvidaré.
Curiosamente, el acceso a acercarse a S.S. era fácil, por lo menos para quedar a dos metros de distancia.
La ceremonia traía aroma a feroz atraso y el Papa comenzó a manifestar impaciencia y removerse en el asiento. De pronto miró hacía donde yo estaba e hice como un encogimiento de hombros como queriendo decir ¡qué le vamos a hacer! Juan Pablo Segundo por un “segundo” puso una cara como bien dicho en chileno, de choreado.
La altura, el calor, la espera y quedaba una ciudad que visitar en esa jornada: Ayacucho, peligro puro en esos años de Sendero Luminoso, primer gobierno de Alan García y ya era pasado el mediodía. “Too much” hasta para un Jefe de Estado Vaticano y la mirada pontificia lo dijo todo.
Mi sobrina Viviana Keim Duhau me suplicó antes de viajar al festival de Cannes al cual asistí ininterrumpidamente desde 1976 hasta el 2002, que por favor le trajera un autógrafo de Tom Cruise pues se había enterado que era una de la figuras comprometidas con la organización en 1992.
Ya no recuerdo que film promovían, pero tanto Cruise como su esposa de entonces la australiana Nicole Kidman, en esa época de unas 24 primaveras, asistieron al estreno. Luego, hubo una cena a la cual fui invitado.
En un momento dado, entre plato de fondo y postres, cometí el desliz más anti protocolar de mi profesión y me acerqué como calcetinero cualquiera donde Cruise y foto y lápiz plumón en mano, le pedí el autógrafo para Vivian. Cruise accedió, pero primero no comprendió bien y quiso escribir Carolina; le rectifiqué.
Nicole Kidman, con un dibujo labial tipo Monalisa, o sea ignoro si sonreía o complacía, me mandó una mirada destellante, entre espanto y lo que seguramente había detrás de eso; vaya el tipo patudo.
De este modo, Vivian aun guarda su autógrafo arrancado en una cena en la Costa Azul al actor fanático de la secta Christian Science y yo retengo esa mirada azul profundo poco empática con mi patudez, de esta mujer que a los cuarenta y tantos todavía arranca suspiros.

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