Por Álvaro Muñoz Ferrer
El partido nido del presidente de la república está fragmentado interiormente. Renovación Nacional sufre una pugna interna entre conservadores y liberales, lucha que tiene su eje central en la figura del prehistórico Carlos Larraín. Sin duda, la situación preocupa al interior del oficialismo, ya que RN siempre ha sido un apoyo irrestricto a la gestión presidencial, y que uno de los pilares fundamentales se trice, mientras el otro (UDI) representa más una oposición de extrema derecha que un real sustento, puede hacer tambalear los cimientos partidistas del Gobierno.
Larraín sabe que la situación es tensa y que su autoridad está siendo cuestionada por un sector de su partido; y no esconde su molestar, es más, hace poco calificó de “tontitos” a los disidentes RN (1), oficializando así el quiebre de las relaciones entre las dos facciones en conflicto.
Esta situación, que sin duda puede tornarse caótica para el Gobierno, vista desde un prisma objetivo, representa una gran oportunidad para los liberales de Derecha de romper cadenas ideológicas y librarse, al fin, de la sombra del Senador – designado, como diría Camila – Larraín. Arrojarse a la piscina, sin embargo, no es fácil y requerirá de mucho coraje y convicción. En general, son dos los factores que deben tenerse en cuenta a la hora de analizar esta posibilidad:
1). Carlos Larraín es de plomo: Parece una consideración trivial, pero es importante constatarla. Larraín pesa demasiado al interior de RN y no renunciará a su cargo por ningún motivo, menos sucumbirá ante los cuestionamientos de los disidentes. La opción de independencia para los liberales es, por lo tanto, abandonar el partido y emprender un proyecto propio y distinto.
2). Iniciar un proyecto distinto se traduce, entonces, en abandonar al partido basal del gobierno, es decir, renunciar al poder, decisión que cualquiera dudaría. La ponderación que debe realizarse aquí es: ¿Qué es más importante, las cuotas de poder o las convicciones? ¿Serán capaces de efectuar la pérdida? Los partidos políticos compiten por poder político, ese es su objetivo mayor: influir en el sistema desde su interior. ¿Estará el ala disidente dispuesta a renunciar a ese poder ganado o será más simple moderar la intensidad de sus ideales para conservarlo?
Desde esta humilde tribuna, me gustaría hacer un llamado a los disidentes-liberales de Renovación Nacional a honrar el hombre de su partido y sacrificar el poder por la renovación y las convicciones. Este es un llamado a los “tontitos” a quitarse las amarras Larraínistas y emprender un proyecto que los identifique realmente. El resultado de tamaña aventura es incierto, pero existe un dato que permite ilusionarse: La mayoría de los chilenos rechaza transversalmente a la clase política. ¿Por qué? Porque la percibe como obsoleta y poco representativa. Si una facción de un partido establecido renuncia a su poder político por convicción y boga por representar a ese amplio y mayoritario sector de la ciudadanía, ofreciendo renovación ideológica y generacional, tiene grandes posibilidades de triunfar. Si esa misma facción, por el contrario, permanece al interior de su coalición, intentando influir en su testarudo y vetusto presidente desde la disidencia, los resultados serán los mismos de siempre.
Mucho se habla hoy de un supuesto “despertar cívico”, las personas dejaron de tragar sin masticar y comenzaron a cuestionar. La oportunidad de levar anclas y luchar por cautivar a ese ciudadano que recién despierta es HOY. ¿Serán los ideales disidentes lo suficientemente potentes como para renunciar a las regalías que ofrece el Binominal? Los “tontitos” tienen la palabra.
(1) http://bit.ly/tSbUMD vía El Mostrador.

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